"La fijeza es siempre momentánea. Es un equilibrio,
a un tiempo precario y perfecto, que dura lo que dura un instante: basta una
vibración de luz, la aparición de una nube o una mínima alteración de la
temperatura para que el pacto de quietud se rompa y se desencadene la serie de
las metamorfosis. Cada metamorfosis, a su vez, es otro momento de fijeza al que
sucede una nueva alteración y otro insólito equilibrio. Sí, nadie está solo y
cada cambio aquí provoca otro cambio allá. Nadie está solo y nada es sólido: el
cambio se resuelve en fijezas que son acuerdos momentáneos. (…) Constante ir y
venir: la sabiduría está en lo instantáneo. En el tránsito. Pero apenas digo
tránsito, se rompe el hechizo. El tránsito no es sabiduría sino un simple ir
hacia… El tránsito se desvanece: sólo así es tránsito.”
* extraído de El mono gramático